Cuba intenta maquillar su modelo socialista (III)

03 mayo 2011


Los cubanos podrán tener sus propias empresas y contratar personal, pero deberán pagar impuestos y cotizar a la Seguridad Social, de la misma manera que se hace en los países capitalistas

Cubanos haciendo cola en una venta de alimentos (Reuters)
Los cambios más significativos y que repercuten directamente en el ciudadano de a pie en Cuba llegaron en 2010. Ese año comienza una especie de "revolución privada" en la isla, donde por muchos años la sola idea de tener una empresa, un negocio o cualquier iniciativa fuera de los márgenes estatales era automáticamente rechazada porque el régimen se había encargado de asociar todos esos conceptos con el enemigo capitalista.

Lo que vamos a explicar ahora viene precedido de un hecho que dejó a más de uno con la boca abierta. En junio de 2009 el diario Granma, portavoz oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), publica varias cartas de lectores a favor de los negocios privados y en contra de la eliminación de las gratuidades, es decir, los subsidios. Que por primera vez salieran en los medios de la isla --todos controlados por el Gobierno-- que la gente estaba a favor de este tipo de estrategias de "corte capitalista", puso en evidencia que las transformaciones en Cuba es un proceso inminente y que ya no tiene marcha atrás. O como lo llegó a advertir el propio Raúl Castro: se trata de cambios "inaplazables".

Barbero atendiendo en su casa 
(Rebeca Rocha)
En enero de 2010 Castro ordena a los gobiernos locales trazar planes de desarrollo económico que incluyan cooperativas y pequeños negocios. Lo privado toma así más forma. A la par de esta medida, se pone en marcha un proyecto piloto para alquilar taxis y autobuses del transporte colectivo a sus chóferes en La Habana.


Cuatro meses después les tocó el turno a las barberías y los salones de belleza, cuyos empleados pasaron a ser los encargados de los negocios, eso sí, pagando impuestos. Este sería el primer experimento de esta naturaleza que aplica el régimen castrista desde la nacionalización de todos los pequeños negocios en 1968. Más adelante Castro autoriza la creación de pequeñas industrias en cooperativas agrícolas.

Ese mismo año los hogares cubanos recibieron la noticia de que podían emprender reformas a sus viviendas y comprar todos los implementos que necesiten para ello, algo que estuvo prohibido hasta entonces, pues no debemos olvidar que el Estado es el dueño de todas las casas y apartamentos. El problema: no se consiguen todos los materiales de construcción y, por tanto, muchas familias no han podido empezar las obras que quisieran. El culpable: Estados Unidos y su "criminal bloqueo". Lo paradójico: a finales del año pasado Castro, quien había exhortado a los cubanos a "apretarse el cinturón", anunció la donación de casi 7.000 toneladas de cemento a Venezuela, para que reconstruya las zonas afectadas por el fuerte temporal que azotó a esa nación sudamericana.

¿Sin trabajo? Te toca el sector privado

Como decía en el post anterior, una de las principales preocupaciones de los cubanos es que sean ellos los que carguen con el peso de todo este proceso de reformas. Y muy lejos de la realidad no estaban aquellos que lograron comentar a algunas agencias de noticias extranjeras establecidas en La Habana tales temores. En septiembre del año pasado Raúl Castro hizo un anuncio que, a pesar de ser un tanto esperado, no dejó de despertar grandes preocupaciones en la población: la purga en el sector público. Unos 500.000 empleados de la administración estatal comenzaron a ser despedidos a partir del pasado enero. Aunque el propio Castro ha tenido que reconocer que el proceso avanza con lentitud, ya muchos no cuentan con el cargo del que vivieron durante muchos años. El propio mandatario cubano reconoció en una oportunidad que un millón de empleados públicos son improductivos, de los 4,9 millones de trabajadores oficiales que hay esa nación de 11,2 millones de habitantes. "Hay nóminas infladas, nóminas muy infladas, nóminas terriblemente infladas'', expresó en el momento.

Al escuchar la noticia muchos se preguntaron qué iba a ser de sus vidas tras décadas de paternalismo obligado y sin opciones. Castro no tardó en darles una respuesta al autorizar la entrega de licencias para ejercer una de las 178 actividades "no estatales" que van desde peluquero, pasando por propietario de restaurante hasta vendedor de CD piratas. Así comienza el llamado "cuentapropismo". El objetivo del régimen es trasvasar a todos esos empleados despedidos al sector privado. En otras palabras: que aquellos que se quedaron sin trabajo monten su propio negocio o sean empleados de uno de esos "cuentapropistas". El sector "no estatal" representaría cerca del 35 por ciento de la fuerza de trabajo en relación con el 15 por ciento actual, según datos de la agencia Reuters.

"El modelo de gestión debe reconocer y estimular, además de la empresa estatal socialista, que es la forma principal en la economía nacional, las empresas de capital mixto, las cooperativas, los usufructuarios de tierras, los arrendadores de establecimientos, los trabajadores por cuenta propia y otras formas que pudieran contribuir a elevar la eficiencia del trabajo social". Sin embargo, "en las nuevas formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales", establece uno de los puntos del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Trabajadores cubanos (AFP)
Por primera vez en la historia de la isla desde el triunfo de la Revolución en 1958 los cubanos podrán abrir sus pequeños negocios, contratar mano de obra y alquilar locales para ejercer su actividad, medida que ha sido muy bien recibida. Desde octubre de 2010 han sido concedidos más de 295.000 permisos para ejercer una de las 178 actividades por cuenta propia autorizadas por el Gobierno, según datos de la Oficina Nacional de Administración Tributaria de Cuba (ONAT). Entre las actividades más demandadas por los cubanos está la elaboración y venta de alimentos (como la creación de restaurantes y cafeterías). También figura la contratación de empleados de manera particular.

Los parados han sido el principal foco de atención de esta nueva política. Según datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, el 68,3 por ciento de los cubanos autorizados para el trabajo por cuenta propia estaban desempleados, mientras que el 16 por ciento eran trabajadores y el 15 por ciento jubilados.

¿Cuáles son ahora sus obligaciones?

Darse de alta en la Seguridad Social y pagar impuestos. Hasta finales del pasado febrero, más de 145.000 cubanos se habían dado de alta en la Seguridad Social. El proceso de filiación inició en enero, casi tres meses después de que la ONAT comenzara a entregar los primeros permisos.

Cada trabajador "no estatal" deberá contribuir con un 25 por ciento de sus ingresos mensuales, cuya escala oscila desde 350 a 2.000 pesos cubanos (9,4 a 53,8 euros), salvo algunas excepciones. Las aportaciones ofrecen respaldo ante la vejez y la invalidez total, temporal o permanente, y beneficia a la mujer durante la maternidad y a la familia en caso de muerte.

Un 'coco taxi' en Cuba
Según establece la nueva ley tributaria, los trabajadores por cuenta propia deberán pagar además un impuesto sobre la renta de entre 25% y 50%, un tributo sobre las ventas o servicios de 10%, y un impuesto sobre contratación de fuerza de trabajo de 25%.

Si bien antes los cubanos no sabían nada acerca del mundo de la tributación ahora lo van a poder conocer de sobra y experimentarlo en carne propia al más puro estilo capitalista.

Pero eso no es todo. También se podrán beneficiar de microcréditos y podrán hacer negocios con el sector privado y con el propio gobierno. Los créditos serán otorgados a los productores agropecuarios para la compra de medios de trabajo e insumos en las unidades de comercio minorista, con el objetivo de elevar la producción de alimentos del país". También a las "personas autorizadas a ejercer el trabajo por cuenta propia para financiar el capital de trabajo y las inversiones mediante la compra de bienes, insumos y equipos", para que así puedan vender "productos y servicios a las entidades estatales, previo contrato entre las partes", anunció Granma a finales de marzo.

Los subsidios

Quizás otro de los cambios más significativos que dejó el 2010 fue el recorte de la mayoría de los subsidios contemplados en la libreta de racionamiento, uno de los mayores símbolos de la revolución castrista desde hace más de 47 años. Muchos de sus artículos han desaparecido, como las verduras y el preciado cigarro, elemento cultural cubano. Ahora los ciudadanos deben arreglárselas para conseguir todos esos productos en los mercados.
Parte de la libreta de racionamiento 
(Rebeca Rocha)
Castro, sin embargo, ha sido enfático al decir que los subsidios no se quitarán de golpe, pero ha dejado claro que la cartilla tiene los días contados. “La supresión de la libreta no constituye un fin en sí mismo, ni como algo aislado, sino una medida imprescindible”, dijo el mandatario el pasado 16 de abril al inaugurar el VI Congreso del PCC. “A nadie en su sano juicio se le puede ocurrir decretar de golpe el fin de este sistema”, agregó.

El objetivo no es otro que lograr “una mayor racionalidad que guarde correlación con la situación económica de la nación”, porque “ningún país ni persona puede gastar más de lo que tiene”.

La pregunta que surge es la siguiente: ¿Cómo podrán los cubanos suplir las carencias que les deja la erradicación de los subsidios de los alimentos si Cuba es blanco de una escasez provocada por el bloqueo de Estados Unidos, las sequias y las restricciones en el intercambio comercial internacional impuestas por el propio gobierno?

La opción es apretar el acelerador de la producción, pero los resultados se verán a muy largo plazo porque los propios campesinos han confesado que tienen problemas para conseguir materia prima.

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