Siria y Libia se niegan a morir (I)
Lo ocurrido en estas naciones podría significar uno de los mayores fracasos de la OTAN y el punto de partida a una confrontación entre dos civilizaciones
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| El líder sirio, Bashar al Asad, con el jefe libio, Muamar Gadafi. |
Tras lo ocurrido en Egipto y Túnez los países de occidentes creyeron que los regímenes de Siria y Libia tenían los días contados. Cuando comenzó la insurrección contra el líder libio, Muamar Gadafi, el pasado 17 febrero --con el famoso "Día de la ira"-- muchos de sus amigos (el primero Francia) le dieron la espalda convencidos de que pronto estaría fuera de la escena internacional. Seis meses después la historia es otra. Gadafi sigue ahí, más vivo que nunca.
La tesis de que el coronel libio estaba cerca de su fin cogió más fuerza cuando comenzaron las protestas en Siria, como efecto dominó de las crisis en Argelia, Yemen y Bahréin. Pero los resultados han sido peor de los esperados: miles de muertos y detenidos producto del recrudecimiento de la violencia y el aumento de la represión. La guerra se mantiene más viva que nunca. Es obvio que esto muy poco importa a los países de occidente, pues no son sus ciudadanos los que mueren por decenas todos los días. Su preocupación es el petróleo, cuyo precio cayó hace poco como consecuencia de la crisis en Estados Unidos. Esto, sin duda, ha puesto a respirar a muchos, pero no significa que descansarán. El objetivo es poder controlar esa zona de Oriente Próximo para evitar un rebote de los precios del crudo cuando la primera potencia del mundo comience a recuperarse.
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| Rebeldes libios en Benghazi (Reuters) |
Pero el objetivo será ahora más que nunca difícil de cumplir porque Gadafi parece no rendirse. Ahora está solo. Poco después de iniciar las revueltas algunos ministros y militares le abandonaron. Se quedó sólo con sus más fieles aliados, sin embargo, ha podido ser más fuerte que Occidente, que impuso sanciones a través de la ONU, instauró un bloqueo y continúa dotando de armamento bélico a los subversivos. También ha respaldado a la unión de casi todos los 140 clanes tribales que existen en Libia que por primera vez en la historia decidieron sumar fuerzas contra Gadafi y su dictadura de 41 años.
Su último mensaje ha sido claro: acabar con los rebeldes, financiados por países como Francia (ahora enemigo de Gadafi). Lo primero que pidió fue armarse, es decir, continuar con la guerra civil a toda costa y pase lo que pase. Los rebeldes en estos instantes están a las puertas de Trípoli y la respuesta terminará en una carnicería que no nos podemos imaginar.
El segundo llamamiento fue a resistir y prepararse para "liberar las ciudades tomadas por los insurgentes". Esto lo dijo hoy en un mensaje radiofónico --el primero desde hace semanas-- que no es más que la crónica de una gran guerra anunciada. La meta es ahuyentar al "colonizador y sus agentes", en una clara alusión a la OTAN, a la que acusa de mentir y recurrir a la "guerra psicológica".
Lo cierto es que hasta el propio secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, ha tenido que reconocer que los bombardeos de la OTAN han provocado daños civiles inauditos. Se podría decir que peores aún que los provocados por las fuerzas del régimen dictatorial libio.
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| Soldado libio en Trípoli (Reuters) |
La OTAN insiste en que todavía tiene recursos para continuar actuando. Pero a varios países la lucha se les ha hecho pesada. Noruega retiró sus tropas de Libia. Italia mandó de regreso su portaaviones Garibaldi. Francia hizo lo mismo con su portaaviones Charles de Gaulle. Los rebeldes siguen peleando en ciudades claves como Benghazi, gracias al financiamiento internacional, aunque han dado señales de sentirse frustrados y han reclamado a la comunidad internacional --a los Estados que le apoyan, específicamente-- una acción más concreta. Signos de que la ofensiva se está debilitando y de que se tendrá que cambiar de estrategia si se quiere llegar a la meta.
Los expertos hablan de que en Libia sólo puede haber una solución política y sería lo más razonable, ya que es habitual que Occidente tenga abierto varios frentes en el mundo, pero no es común que uno de esos sea en su propio territorio. Con estos nos referimos a la grave crisis económica de la UE y Estados Unidos. ¿Cuánto más están dispuesto a arriesgar esos gobiernos para acabar con Gadafi? Quizás estemos frente a lo que sucedió con Sadam Hussein durante la guerra del golfo de 1990. En unos años alguien se inventará una amenaza e invadirá Libia para arrestar a Gadafi y someterlo a su propia ley.
Ambas partes tienen mucho que ganar y mucho que perder, a la vez, por el contexto de crisis económica. Es una diatriba compleja donde el principal factor son las millonarias reservas de petróleo.



1 comentarios:
Una victoria de EEUU en Libia podría ser el nacimiento de un nuevo Irak. Kadhafi está en la obligación de renunciar porque los libios así los exigen, pero nuevamente nos hacemos la pregunta de si es pertinente que los países occidentales se inmiscuyan en algo tan sagrado como la decisión de cada pueblo a elegir su destino.
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