Siria y Libia se niegan a morir (y II)
La principal preocupación de países como Estados Unidos es el apoyo nuclear que podría recibir Siria de Irán
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| Bashar Al Assad con Mahmoud Ahmadinejad en 2010 (UPI) |
El caso de Siria es considerado el más delicado de todos. Siria está justo al lado de Libia, su líder, Bashar al Assad, mantiene una estrecha relación con Gadafi, pero también con el régimen de Mahmoud Ahmadinejad, quien tiene en su poder lo que Occidente no quiere que utilice: grandes reservas de uranio y un supuesto plan para una carrera nuclear que pondría en vilo al mundo. Pero además mantiene importantes alianzas con Hamás y Hezbolá, consideradas por Estados Unidos como organizaciones terroristas.
Al Assad heredó el poder en 2000 de su padre, Hafez Al Assad, el fundador en 1971 de la primera dinastía árabe. Actualmente, tiene un puñado de importantes aliados que son de un gran potencial destructivo y que harían todo lo que esté a su alcance para ir contra Washington y sus amigos. Por eso no es de extrañar que el caso de Libia haya pasado a un segundo plano para centrarse en el régimen sirio y poder así crear un efecto dominó que golpee a Gadafi.
Para entender esto hay que tomar en cuenta varios aspectos que diferencian a Siria del resto de sus vecinos en crisis a consecuencia de la llamada Primavera Árabe de 2011.
Primero, Siria es el único país árabe que está controlado por el chiismo, la rama más radical del islam, que es minoría dentro del mundo árabe dominado por los suníes. Esta cualidad la comparte con Irán, un país persa dominado por los chiitas bajo un modelo de teocracia islamista, donde los ayatolás (clérigos) son considerados los líderes espirituales, aunque es Ahmadinejad y sus basajíes (guardias revolucionarios) los que controlan todo en Irán. Damasco y Teherán también tienen fuertes alianzas con Libia y Líbano.
Irán intenta llevar adelante un programa nuclear cuestionado por Estados Unidos que asegura que el verdadero propósito de Ahmadinejad es fabricar armas nucleares, aunque la versión del líder persa es que será solo para fines pacíficos. Hasta ahora nadie sabe a ciencia cierta quién tiene la razón.
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| Protestas en Siria (Reuters) |
Siria e Israel están en guerra desde 1967. En el año 2010 bombardeó un complejo nuclear sirio que estaba siendo construido de manera secreta con el apoyo de Teherán.
Cualquier ataque internacional podría detonar una guerra en toda esa zona en la que también podrían participar muchos interesados en acabar con su más grande enemigo: Israel.
"Irán consideraría una intervención occidental en Siria casi como un ataque a su propio territorio", comentó a BBC Mundo Ignacio Álvarez, profesor de estudios árabes e islámicos de la Universidad de Alicante y autor del libro 'Siria contemporánea'.
Hay quienes opinan que los intereses para derrocar a Al Assad son menos de los que muchos se imaginan y que Estados Unidos dejará en manos de los propios sirios la eventual caída del régimen. En otras palabras: que intervendrán lo menos posible y que sea el pueblo el que diga la última palabra.
Pero esto no es sólo por el miedo a una confrontación nuclear. Quizás eso es lo "segundo primero" de la lista de prioridades de Occidente. Para Washington, el régimen de Al Assad es un enemigo necesario, siempre que no vaya más allá. Los enemigos siempre han sido indispensables para la Casa Blanca, por eso en el mundo no vemos más intervenciones ni derrocamientos. La sola idea de pensar que al salir Al Assad lleguen los extremistas suníes al poder despierta una preocupación que no deja dormir a más de un líder occidental, efecto que también se sentiría en Israel que, hasta la fecha, ha podido torear su guerra con Siria. Ya saben: más vale malo conocido...
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| Bashar Al Assad (AFP) |
Por eso Estados Unidos no ha hecho más que apelar a las vías diplomáticas de siempre: condenar la represión, pedir respuestas contundentes, exhortar al régimen sirio a evitar más muertes y todo aquello propio de la política internacional evasiva, aunque el mundo entero conoce el trasfondo. Por eso en el mejor de los casos el Departamento de Estado estaría dispuesto a colaborar en reconducir la política de la dinastía siria para poder tener relaciones más llevaderas.
Baath, el partido de Al Assad, en el poder desde 1963 cuando se decretó el famoso "estado de emergencia" levantado apenas este año, prometió algunos cambios a la par de que el líder sirio nombró a un nuevo gabinete cuando estalló la crisis. También se asomó la posibilidad de implementar un sistema multipartidista y garantizar una mayor libertad de expresión. Pero las promesas no han podido mitigar a los manifestante que sólo tienen una exigencia: la dimisión de Al Assad.
Aún así las tropas sirias han recrudecido la ofensiva justo en agosto que es el mes del Ramadán. Todas las manifestaciones están prohibidas, no sólo por motivos políticos, sino también religiosos propios de las celebraciones islámicas, pero eso no ha importado a miles de sirios que aún siguen en las calles. Tampoco ha importado a los militares sirios. Por primera vez el Ramadán es pasado por alto e irrespetado en ese país de mayoría radical. El reflejo del desespero.
La cifra de muertos en Siria continúa siendo un debate internacional. Amnistía Internacional cifra en 1.700 las víctimas mortales. La Casa Blanca habla de 2.000 muertos, mientras que el régimen sólo se refiere a los soldados y policías fallecidos en las revueltas de los rebeldes, a los que cifra en 500.
El número de detenidos podría superar los 12.000, según grupos de Derechos Humanos.



1 comentarios:
Efectivamente, Siria está demasiado cerca de Israel y de Irán como para que la OTAN se meta a bombardear nada.
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